Las
fuertes pisadas que resonaban por el pasillo les anunciaron la llegada
del hijo del Rey. Mirmidón entró dejando abiertas tras de sí las puertas
de la sala. Vestía una armadura de placas doradas tan reluciente que
parecía salida del mismo sol, los armeros de Cuna del Sol habían hecho
un buen trabajo. De nada sirvieron las advertencias de los guardias que
cubrían la entrada a las terrazas privadas de su progenitor. El príncipe
Mirmidón se deshizo de ellos de un empellón y pasó al interior.
-He oído las noticias -dijo siseando a través de la deformidad de su boca. –Partiré con el primer albor de la mañana.

Por fin "Crónicas de los Reinos Olvidados -Tomo I: De Revelaciones y engaños"
ha visto la luz. Ya lo tenemos a la venta en Amazon con su versión
impresa con tapa blanda y también con versión en libro electrónico,
kindle. Para los que podáis/queráis desplazaros hasta Oviedo, vamos a
distribuir los ejemplares impresos en unos cuantos sitios de recogida,
así os los podré hacer llegar con dedicatoria incluida. Los que seáis de
más lejos,
tampoco os compliquéis la vida, Amazon os los envía bien empaquetaditos
y si no,
ya me arreglaré yo de hacéroslos llegar por paquete postal.
Al final
la criatura se ha quedado en 486 hojas de aventuras, repartidas en 60
capítulos, a los que les seguirán en el año 2017, Dios mediante, 60 capítulos
más. A pesar de ser una trilogía no os preocupéis, éste volumen, De Revelaciones y Engaños, tiene un fin en si mismo.
Aquí
os dejo los enlaces para que os queméis los dedos pidiendo copias, y
más abajo mi correo para hacer pedidos o dejar cualquier sugerencia.
Libro impreso vía Createspace: https://www.createspace.com/4983960
Libro impreso o electrónico vía Amazon (kindle): https://www.amazon.es/dp/B01I3F1MC8
Pedidos, sugeréncias: elregentedelatorre@gmail.com
En
ésta primera parte de la trilogía “Crónicas de los Reinos Olvidados”
(Tomo I: “De Revelaciones y Engaños”), Nikolay Variliof, Rey de los
Eternos, sueña con apuntalar su posición de supremacía respecto a los
reinos vecinos. Para ello decide casar a su única hija, Mireia, con el
príncipe del más poderoso reino de más allá del mar, Arjak, primogénito
de Aarón el Grande.
Los engaños de unos provocan los actos de
otros, haciendo que los destinos de Reyes y súbditos se entrelacen, se
separen y se crucen bailando al son que les marca la codicia, la fortuna
o los Dioses.
Como muestra un botón: Capítulo - I. Aquí os lo dejo, para que le echéis una ojeada y para convenceros de que es una buena compra.
"De Revelaciones y Engaños" ya está a la venta...¡
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Tempus Fugit
Extremoduro hace ya tiempo que canta aquello de “Para unos, la vida es galopar un camino empedrado de horas, minutos y segundos.”
Parece mentira lo lentas que pasan las horas, rellenas de soporíferos minutos pétreos, pesados como un collar de ruedas de molino. Sin embargo ocurre la paradoja de que cuando estas se agrupan formando días y meses, aceleran como si Forrest Gump se decidiera a correr los Sanfermines. Las hojas del calendario caen una tras otra; parece que fue ayer cuando celebrábamos con champan y
uvas y ya ha pasado una estación y vamos bien metidos en la segunda.
El tiempo es relativo y cambia de ritmo a su antojo. Pensaba tener Crónicas de los Reinos Olvidados finiquitado de cara al verano, pero otra vez me ha cogido el toro y me veo obligado a retrasar su lanzamiento al menos (y esperemos a lo más) hasta las navidades.
No tengo tiempo para nada, se me escurre entre los dedos igual que el agua; lo que me lleva a plantearme la propia futilidad del ser humano. Somos insignificantes hormigas que caminamos en fila india del “curro” a casa y de casa al “curro”, con cuidadito de no desviarnos de ese camino empedrado que tan bien define Robe.
Por más que nos pese y aunque intentemos auto convencernos con majaderías como “estoy en la flor de la vida” o ”los cuarenta son los nuevos treinta” los años pasan. De los veintitantos todavía me acuerdo, pero todo lo anterior a marcar el primer 2 en el casillero comienzo a ocultarlo con una fina nebulosa que tiende a convertirlo todo en leyenda…unos recuerdos colmados de “te acuerdas cuando”…y de “aquella vez que”…recuerdos de barra de bar y botellín de Mahou.
El camino empedrado nos lleva a salir de casa cada mañana pensando en agarrar un puñado de billetes, “medrar” como decía mi abuela, sin detenernos a pensar que quizás tengamos más de lo que necesitamos, y que pase lo que pase siempre será menos de lo que deseamos. “El trabajo enriquece”, eso decían los antiguos, aunque por desgracia creo que el germánico "Arbeit macht frei” (“El trabajo os hará libres”) erraba menos en su predicción…libres de echar en la zanja hasta la última gota y viajar al otro barrio como todos, con lo puesto. 
Yo avanzo por la autopista de la vida, con la cruel certeza de haber dejado lo mejor atrás, un camino empedrado de sueños triviales, a los que ya no les doy ni la menor importancia…Mejor es optar por un caminar pausado, carente de preocupaciones. Centrarse en disfrutar del camino, que puede tener buenas vistas, una posada acogedora, buenos compañeros de viaje y más de una sorpresa agradable.
Yo acabo de caer de la burra, pero Robe ya me lo había cantado al oído mil y una veces:
“Yo, más humilde soy, y sólo quiero que la ola que surge del último suspiro de un segundo, me transporte mecido hasta el siguiente".
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Maniáticos Empedernidos

Carmen Martin Gaite sólo escribía con una estilográfica heredada de su padre y a Neruda le chiflaba la tinta verde; pues a mí no me quita el sueño ni lo uno ni lo otro, a mí simplemente me gusta empezar los capítulos de las novelas con el mismo aparejo con el que los termino; luego, puesto el punto final, reniego de mi herramienta y comienzo el siguiente con cualquiera otra.
Finalmente lo encontré, se escondía frente a mis ojos, arropado por un par de folios y mimetizado, como un camaleón, sobre la madera veteada de la mesa.
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Buscando una buena dedicatoria.
“Dedicado a la persona más fuerte que conozco: yo.”
Babe Walker - Psychos: A White Girl Problems Book.

“A la cafeína y el azúcar, mis compañeros durante largas noches de escritura”.
Robin Hobb - Las naves de la magia.
"Dedico esta edición a mis enemigos, que tanto me han ayudado en mi carrera".
Camilo José Cela - La familia de Pascual Duarte, edición de 1973.
"A los mozos del reemplazo del 37, todos perdedores de algo: de la vida, de la libertad, de la ilusión, de la esperanza, de la decencia. Y no a los aventureros foráneos, fascistas y marxistas que se hartaron de matar españoles, como conejos y a quienes nadie había dado vela en nuestro propio entierro".
Camilo José Cela - San Camilo 1936.
"Más o menos con el mismo espíritu con el que Matthew Salinger, de un año de edad, le insiste a un compañero de mesa para que acepte un haba fría, insisto yo a mi editor, mentor y (Dios le ampare) mejor amigo, William Shawn, genius domus de The New Yorker, amante de la probabilidad remota, protector de los poco prolíficos, defensor de los extravagantes sin remedio, el más insensatamente modesto de los grandes editores-artistas natos, a que acepte este librito más bien escuálido".
J.D. Salinger - Franny y Zooey.
Puesto a exprimir la naranja desde el principio también podemos adelantar acontecimientos y tirar la caña directamente hacia tus lectores.
"Al imaginario lector que podría pagarme medio paquete de cigarrillos si comprara mi libro. Te advierto que no sólo no me identifico con ninguno de los personajes, sino que además, de ninguno de ellos querría ser amiga… Cuidado con las sombras".
Angeles Caso - El Peso de las sombras.
"Para Hans Christian Andersen, sin cuya colaboración este libro nunca se habría escrito. Y en memoria de mi hija, por el entusiasmo con que alentaba semejante colaboración".
Carmen Martín Gaite - La Reina de las Nieves.
"Para el alma que ella dejó de guardia permanente, como una lucecita encendida, en mi casa, en mi cuerpo y en el nombre por el que me llamaba".
Carmen Martín Gaite - Nubosidad variable.
"Para mi madre, Nedda Previtera Cashore, por su gracia especial con las albóndigas, y para mi padre, J.Michael Cashore, dotado con la gracia de perder (y encontrar) sus gafas".
Kristin Cashore - Graceling.
Otra opción clara son los hijos, tan solo por la falta de maldad que se les presupone ya se merecen todas las dedicatorias.
"Para Anna, que abandonó El Señor de los Anillos para leer este libro. (¿Qué más se puede pedir a una hija?). Y para Elinor, que me prestó su nombre, a pesar de que no lo necesitaba, para una reina elfa".
Cornelia Funke - Corazón de tinta.
Tambien puedes decidirte por tu mujer.
"A Conchita, mi mujer desde hace cuarenta años. Nuestro amor es ya casi un incesto".
Jaime Campmany - El pecado de los dioses.
O porque no matar dos pajaros de un tiro:
"A mi mujer Margarnit y mis hijos Ella Rose y Daniel Adam, sin los cuales habría terminado este libro dos años antes".
Joseph J. Rotman - Fundamentos de la topología algebraica.
Otra opción esta buscar la dedicatoria en el amor, bien sea físico o platonico
"Para Clara, por algunas cosas nuestras".
Eduardo Sacheri - Ser feliz era esto.
"A Colin Firth. Eres un gran tipo, pero estoy casada, así que creo que debemos ser sólo amigos".
Shannon Hale - Austenland.
Si seguís buscando vuestra dedicatoria ideal os dire que sigáis perseverando, hay infinidad de posibilidades; desde las convencionales tabarras hasta las más poeticas y sentidas. De todas formas si no encontrais a quien dedicar, siempre os quedará la ultima opción:
"Esto no es para ti".
Mark Z. Danielewski - La casa de las hojas.
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Autoeditando mi novela.
El motivo principal para centrarme en la autoedición son las paupérrimas ofertas que las editoriales reservan para los autores primerizos. Ninguna llega siquiera a ofrecerte el 10% de los beneficios; por suerte las plataformas de internet son mucho más generosas, amén de no segregar a los noveles, y dejan para los autores el 80% de los beneficios.
Otra ventaja reside en mantener el control de los tiempos. El autor puede publicar nada más terminado el libro, sin hacer cola para que una editorial te haga caso. Además tampoco tendrás que atender a plazos o compromisos de entrega.
Otra cosa "molongui" es la “impresión bajo demanda”: si el lector quiere un ejemplar en papel, lo puede adquirir por internet con un par de clicks. No hay tirada mínima, así que se acabó lo de amontonar cajas de ejemplares en casa.
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Pescar con las Redes Sociales.

Si te consideras preparado para respirar hondo, lanzarte en plancha y empezar a bracear es que ha llegado el momento de Google + . Aquí os recomiendo encarecidamente participar en las comunidades literarias, ahí podréis colgar vuestros escritos y leer los de los demás. Un toma y daca en el que muchos os leerán. Tiene la ventaja de que todo el que pertenece a una de estas comunidades es aficionado a la lectura, con lo cual el “target” se reduce.Etiquetas: Crónicas de los Reinos Olvidados , post
Perfumar vuestra novela con un final apoteósico.
Hay que ser conscientes de que en esas últimas hojas te juegas el veredicto de la novela y pese a tener a Mónica Naranjo, a Bustamante y a Llaser ensimismados con tu actuación, como el colofón no esté a la altura te vas a encontrar con una valoración mediocre, una palmadita en la espalda y una invitación al “siga jugando” similar a los de los "rasca y gana".
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Buscando a Romeo.

Se trata de conseguir una descripción tan absoluta de lo que el personaje significa y transmite, que a la postre éste absorba los adjetivos y pase al lenguaje convertido en término.
![]() |
| Hola, me llaman romeo, Es un placer conocerla… |
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¿Quién piensa en curarse cuando aún no ha sido herido?

Jamás pensé que tan caudaloso proceso creativo se volviera contra mí.
sencilla, con un esquema novelesco clásico y mucho, mucho más corta. Inicio, nudo y desenlace, todo en un mismo libro, nada de trilogías grandilocuentes más largas que la wikipedia. Una novela de factura limpia, mucho más fácil de escribir y de corregir, y como no, infinítamente más sencilla de colocar. Etiquetas: Crónicas de los Reinos Olvidados , post
Kill em All
Si la aberración no solo se permite, sino que además se alienta, se puede dar el recurrente caso de que muerto el autor el personaje consiga flotar en el aire, como el ángel caído, Azazel, en "Fallen", hasta conseguir un nuevo huésped en el cual seguir viviendo, es el caso del pomposo detective Hercules Poirot, otro Azazel que ha conseguido saltar de la difunta Agatha Christie al cuerpo vivo de Sophie Hannah para protagonizar una nueva aventura, ("Los Crímenes del Monograma"). Por desgracia no es el único Azazel que espera su oportunidad para seguir viviendo y son muchos los James Bond, Philip Marlowe o Sherlock Holmes, que gozan de buena salud mientas que sus autores duermen el sueño de los justos, olvidados para el gran público bajo cuatro paletadas de tierra.

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El orgulloso falaz.


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Dejar Reposar la Novela.
Desde el mismo momento que escribimos la palabra “fin” los autores consideramos que hemos alumbrado un hijo precioso. Un gordito adonis de angelical mirada e indómitos rizos rubios que haría palidecer con su belleza a la mismísima Freya. Un bebé tan bonito que nos permite dar por bueno el vano esfuerzo dedicado a todos los proyectos que acabaron convertidos en bolas de papel arrugado.

En mi caso escribo y reescribo, corto, pego, borro y añado hasta conseguir un primer borrador. Este primer borrador, que ya tiene la enjundia suficiente como para nacer, lo corrijo en la pantalla del ordenador, finalizada esta corrección lo imprimo en papel. Utilizo una copia para el registro y otra la guardo en un cajón hasta que, pasados los dos meses de rigor, me encomiendo a la Santísima Trinidad y acometo su corrección definitiva.
Los dos meses de separación de tu prole te ayudarán a coger distancia y a apreciarla en su justa medida. Tanto los personajes como la trama asentarán sus cimientos y dejarán al descubierto manchas de humedad, puertas que chirrían, armarios que no cierran bien e incluso goteras o paredes torcidas. Hemos pasado la mirada por estos fallos cien veces sin detectarlos y de no habernos obligado a retirar la vista lo hubiéramos hecho otras tantas sin haber sido capaces de detectarlos.
Lo de esperar dos meses es una opción personal, ya que como dijo Einstein : “El tiempo es relativo”. Para desapegarse de vuestro engendro algunos tendréis más que de sobra con un mes, mientras que otros puede que no consigáis coger distancia hasta pasado medio año.
Yo amplio la aseveración de Einstein añadiéndole un coletilla de mi propia cosecha: “El tiempo es relativo… y cabrón”. Porque crece y encoje por donde quiere. La magia que convierte la concatenación de segundos en minutos y estos en horas y días es caprichosa y puede obstinarse en transcurrir espesa y tediosa como la cola del supermercado o vibrante y veloz como un verano en Ibiza. Todo es cuestión de perspectiva.
Si queréis imprimirle velocidad al tiempo os recomiendo que os entretengáis en lo que sea, podemos dedicar nuestros dos meses de espera a explorar los complicados horizontes editoriales, releer a los clásicos de la literatura o dar la oportunidad a las letras de los que al igual que nosotros empiezan, tampoco es un mal plan comenzar a perfilar la trama de futuras novelas. Otra opción igual o más licita que las anteriores (aunque quizás si te decantas por esta última alternativa el tiempo se estanque) consiste en aceptar plenamente lo de “perder el tiempo”.
Más tarde o más temprano llegará el día de desempolvar la novela y proceder a su corrección definitiva (si es que alguna lo es). Notaremos una extraña sensación, el texto se nos manifiesta distante, como cubierto por una fina nebulosa; el tiempo relativo y cabrón ya ha cumplido su cometido.
Por supuesto que recordamos a nuestros personajes y nuestras tramas, al fin y al cabo nosotros las hemos parido, pero la distancia consigue que veamos el conjunto desde otro enfoque, como si el texto no fuera nuestro. En este difícil trance comenzaremos "la poda de la novela". Una buena poda se llevara por delante al menos el 10 por ciento del árbol. A priori parece imposible mutilar de tal manera nuestro retoño, pero a poco que le cepillemos los dientes, le adecentemos la cabellera y le recortemos las uñas os aseguro que lo conseguiremos.
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Sueños de Navidad.
Solía llover de continuo, y en aquella época libre de móviles el teléfono fijo hervía con su repetitivo ring ring de felicitaciones navideñas, ante el evidente mal humor de mi señor padre, al que le resultaba imposible echar la siesta “en esta puta casa”. Las conversaciones solían alargarse un buen puñado de minutos y los familiares, que llevaban tiempo sin verse, aprovechaban para contarse sus asuntos y chismorrear un poco; cosa impensable hoy en día dado el estado de hipercomunicación en el que vivimos.

Mi madre y su hermana, Marifé, se encargaban de organizar, haciéndole un quiebro a la desgana, los festejos que se celebraban tumultuosamente a lo largo de las fiestas navideñas, por aquel entonces los hombres aún actuaban como una casta ajena a labor doméstica alguna, exentos de cualquier tarea salvo de la de recargar las calderas de gasóleo.
Los niños, como consecuencia de nuestra corta edad, tampoco teníamos ninguna función atribuida; íbamos organizados por edad y altura, como los cuatro hermanos Dalton, Rúben ocupaba la cabecera con poco más de doce años, siguiéndole yo en línea descendente, tras de mi Luisín y por último y cerrando la fila Yayo, que debía de superar por poco de la media docena.
El menú de Nochebuena consistía irrenunciablemente en sopa de marisco, langostinos y cordero. De postre: escándalo loco de dulces navideños. Para el día de Navidad nos esperaban las sobras de la noche anterior y para Nochevieja se sustituía la sopa de marisco por la de carne y el cordero por pavo.
Durante la Nochebuena mi padre actuaba siempre como maestro de ceremonias, deleitándonos con chistes fáciles, tirones de orejas que mi primo Luisín aguantaba con estoicismo, e historietas en clave de humor que a quien más hacían reír era a él mismo, cautivo de su propio talento narrativo. La opereta se alargaba hasta que el alcohol comenzaba a hacer rascar su disco duro. Tío Luis, salvo en contadas coyunturas parco en el comer y en el beber, en aquellas ocasiones engullía hasta dilatar el estómago más allá del punto de no retorno, disfrutaba de las bebidas espirituosas como si no hubiera un mañana, y no perdía ocasión de jalear a mi padre riéndole cada chiste con más intensidad aún que el anterior.
Tras zampar más turrón del humanamente posible, después de que mi abuela tratara de bailar “Mi Carro me lo Robaron” sustituyendo al ínclito Manolo Escobar por una escoba y que todos los que aún no habíamos llegado a la madurez (incluido mi padre) hubiéramos intentado decir “Pamplona” con la cavidad bucal atiborrada de polvorones de estepa, solíamos abandonar a nuestra parentela a su suerte y acabar nuestras juveniles farras aprovechando al máximo aquellos momentos de laxitud en la vigilancia paterna, aquel indulgente paréntesis en el parecía abrirse la veda a comportamientos que en cualquier otra casión se hubieran saldado con generosas andanadas de "zapatilla", achispándonos con sidra en el jardín y desperdiciando, a escondidas, un habano que como decía mi abuela “no se lo saltaba un gitano”.
En Nochevieja bajaba el nivel, y tras marcharse todos los adultos al baile, tan sólo quedábamos para disfrutar de nuestra fiesta de Nochevieja casera los cuatro hermanos Dalton, junto a mi abuela Josefina, nuestro particular Lucky Lucke siempre vigilante.
Cuando se aproximaba la media noche, después de degustar los típicos productos navideños, como postre y culminación al festival del yantar desmesurado nos concentrábamos delante de nuestra Philips TC100, orgullo tecnológico y signo de prosperidad de nuestros progenitores, ávidos de disfrutar del programa de variedades que cada año nos servía envueltos en playback a los artistas más punteros del momento.
Acabados los insufribles resúmenes informativos del año que ya llegaba a su fin, y después de que todos los profetas televisivos hubieran dado sus pronósticos para el año venidero llegaron los cuartos, los medios y por fin las doce campanadas.
En las campanadas de 1987 no hubo incidentes reseñables en el acto de buscar la buena suerte ingiriendo frutas, salvo los habituales e inevitables ataques de risa floja que siempre truncaban la intención de mi abuela de dar fin a sus doce uvas.
Los cuatro hermanos Dalton matábamos los minutos publicitarios previos a nuestro particular guateque televisivo intentando, a base de dulces navideños, que el nivel de glucosa en sangre no descendiera.
La Abuela, después de enterarse de que Manolo Escobar tampoco cantaba este año, amenazaba con enfilar la cama escaleras arriba, mientras que nosotros chasqueábamos los dedos con un sentido del ritmo discutible al tiempo que tarareábamos los éxitos televisados del cantante de moda de turno y continuábamos metiéndonos sucesivas chutas de turrón. Engullimos como hienas mientras que Rick Astley nos animaba con su "Never Gonna Give You Up", le dimos cera al turrón de chocolate, al blando, a los polvorones y mantecados de estepa e incluso a la morralla que siempre queda pegada al fondo de las bandejas: El turrón duro, las bolas de coco y las uvas pasas.
La noche fue avanzando y sin ni siquiera haberlo sospechado llegó el tiempo de una de las actuaciones más recordadas de la historia de la televisión, un colofón perfecto para una fiesta de cuidado. Si, amigos lectores, vosotros sabéis de sobra de que os hablo, vosotras quizás tan sólo lo sospechéis….pero vosotros lo sabéis fijo.
Pechuga, pechuga italiana de la buena, de la que antaño solo se veía en el catálogo del Venca. Pechugona genovesa de primera calidad. Pechuga en definitiva de Sabrina Salerno. El manjar más apreciado y mejor saboreado de toda la navidad de 1987. Una pechuga tan rica que a la fuerza tenía que estar hecha de sueños, sueños de navidad. Doy gracias a Dios por permitirme disfrutar de tal manjar: Hot Girls, la mejor actuación musical de todos los tiempos.
Hot Girl Hot Girl I’m Satisfaction Baby
Hot Girl Hot Girl I’m Dynamite
Hot Girl Hot Girl I’m Satisfaction Crazy
Hot Girl Hot Girl Take Me Tonight

Saltó, la chica saltó, tanto como para que todas las cabezas con ojos que desde cualquier lugar de esta piel de toro que es España bailaran a su compás. Saltó para disfrute de altos y bajitos, feos y guapos, monjas y frailes, para regalo navideño de todos y cada uno de nosotros.
Hot Girl Hot Girl I’m Satisfaction Baby
Hot Girl Hot Girl I’m Dynamite
Hot Girl Hot Girl I’m Satisfaction Crazy
Hot Girl Hot Girl Take Me Tonight
Sexy Girl Sexy Girl
Sus escuetas ropas cedieron ante el ímpetu irrefrenable de aquellos pechos rebosantes, hasta llegar al punto de liberarse, agitándose al aire ante el general asombro general y el parcial aplauso. Rúben gritó: “boys, boys, boys”…yo aplaudí puesto en pie como si Miguel Ángel hubiera dado el ultimo martillazo a su David, Luisín señaló la tele con el índice gritando hasta el paroxismo: “las tetas, las tetas”, a la abuela se le escapó un clerical: “válgame Dios” y Yayo gritó “Pamplona” regándonos a todos con los polvorones con los que tabicaba hasta el últimos resquicio de su boca.
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Malos tiempos para la lírica.
Coppini y sus Golpes Bajos, hace una pila de años ya nos cantaban que corrían malos tiempos para la lírica, a tenor de las desesperanzadoras respuestas que están llegando a mi correo electrónico mi novela, De Revelaciones y Engaños, tiene difícil huir de tan trillado presagio.
El tópico que reza: “Estamos viviendo tiempos realmente difíciles” a base de mera repetición va camino de convertirse en máxima.
Hostia, me revelo a creer tan mayúsculo embuste. ¿Acaso nos han invadido los marcianos, se han fundido los casquetes polares, se aproxima un asteroide más grande que las promesas de un político en campaña electoral y yo no me he enterado? o será que Tamara y Leonardo Dantes sacan un disco de duetos y la humanidad se ve abocada al suicidio antes de que esa música celestial nos lobotomice a todos.
Si la respuesta es sí, queridos lectores no me lo escribáis en los comentarios, porque se vive mucho mejor en la ignorancia y prefiero seguir aquí.
Goebbels dijo una vez “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad” y la cantinela de los tiempos difíciles empieza a oler a rancio. Una falacia con la que los poderosos atormentan al pueblo llano generación tras generación.
Todos tenemos tendencia a pensar que nuestra situación actual es peor que la que teníamos tiempo atrás. Si quieres refrendar lo que te digo sólo tienes que bajar al bar, elige uno de esos de baja estofa, de pellejo de vino y cartel del “prohibido fumar” oscurecido por el amarillo de la nicotina. No esquives la mirada entre los parroquianos, sé generoso con el vino y no dudes en dar lumbre si te la requieren. Deriva la conversación hacia los tiempos mozos, verás como fuman tabaco y en cada bocanada se les escapan recuerdos llenos de ebrias tristezas recordando antiguas dichas.
El recordar tiempos pasados con nostalgia es un sentimiento tan humano como antiguo. Y como muestra un botón, un botón precioso y con más solera que nuestro propio idioma:
Recuerde el alma dormida,
avive el seso e despierte
contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el plazer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiere tiempo passado
fue mejor.
Jorge Manrique.
La ilusión de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor tiene su base científica bien grabada en nuestro ADN. El ser humano tiende a olvidar los malos momentos y recordar los buenos. Problemas que en su día pesaban como losas, ahora pasados los años y puestos de nuevo en la balanza ya no pesan tanto.
A los poderosos que intentan inocularnos el virus de la añoranza de un pasado mediocre les responderé una y mil veces parafraseando Quevedo: Cuando decimos que todo tiempo pasado fue mejor, condenamos el futuro sin conocerlo.
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Colaboraciones. Cuando Harry encontró a Lloyd.

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Caminando con Lou.
Los escritores bebemos de la vida, pero hay que deslizarse con los ojos abiertos y sorber con calma para poder plasmar luego las dentelladas del camino en el papel. Hay que hacerlo con calma, con el mismo compás tranquilo y la misma lengua afilada que el bueno de Lou.
Las grandes ideas están en la vereda, hay dar un paseo por el sendero de la vida, y si hay rosas de más no dudéis en quitaros los calcetines para sentir las espinas. Lou con su mirada tímida y su voz consumida ya nos enseñó el camino.

Igual que cuando Holly vino a Miami, los escritores también viajamos en autostop, nos gusta el riesgo, viajar sin rumbo, mirar por la ventanilla, oír y conversar con extraños. Igual que Holly se afeitó las piernas para convertirse en ella, nosotros nos afeitamos el alma para cambiar de piel y meternos en la de otro; sin prejuicios, sin normas, huimos del jodido que' dirán, de sentimentalismos y vergüenzas. Fingimos ser cualquiera para escupíroslo en el papel.
Hey babe, take a walk on the wild side, said hey honey, take a walk on the wild side.
-Lou Reed.
Como Candy también somos forasteros, venimos de fuera de la isla, y la isla está llena de escritores que acomodan sus culos en los taburetes de la barra, de momento estamos en la puerta de atrás atentos al movimiento del personal, dispuestos a hacer sangre si un asiento queda libre.
Ey nene, date una vuelta por el lado salvaje, dice, ey nena, date una vuelta por el lado salvaje.
El pequeño Joe nunca regaló nada, todo el mundo tenía que pagar y pagar. Aspiramos a un taburete en la barra y una moneda en los bolsillos ayuda a acercarse para tomar un trago. Un trapicheo aquí y un trapicheo allá.
Hey babe, take a walk on the wild side, said hey honey, take a walk on the wild side.
Salimos a la calle buscando alimento para el alma, como Sugar Plum, pero no siempre es fácil, hay que tomárselo con calma. Si necesitas sacar para comer no sirven las pausas, pero tampoco las prisas, puedes ponerte nervioso y equivocar el camino.
Hey babe, take a walk on the wild side, said hey honey, take a walk on the wild side.
No salgas a toda pastilla, tómatelo con calma. Jakie salió a toda pastilla para estrellarse soñando con ser James Dean. Ella no lo era, pero nosotros aunque no seamos Lou Reed tenemos que arriesgarnos a pasear por el lado salvaje de la vida.
Imagen by Jef Aerosol. Marseille-france.
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