Malos tiempos para la lírica.

Coppini y sus Golpes Bajos, hace una pila de años ya nos cantaban que corrían malos tiempos para la lírica, a tenor de las desesperanzadoras respuestas que están llegando a mi correo electrónico mi novela, De Revelaciones y Engaños, tiene difícil huir de tan trillado presagio.
El tópico que reza: “Estamos viviendo tiempos realmente difíciles” a base de mera repetición va camino de convertirse en máxima.

Hostia, me revelo a creer tan mayúsculo embuste. ¿Acaso nos han invadido los marcianos, se han fundido los casquetes polares, se aproxima un asteroide más grande que las promesas de un político en campaña electoral y yo no me he enterado? o será que Tamara y Leonardo Dantes sacan un disco de duetos y la humanidad se ve abocada al suicidio antes de que esa música celestial nos lobotomice a todos.
Si la respuesta es sí, queridos lectores no me lo escribáis en los comentarios, porque se vive mucho mejor en la ignorancia y prefiero seguir aquí.

Goebbels dijo una vez “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad” y la cantinela de los tiempos difíciles empieza a oler a rancio. Una falacia con la que los poderosos atormentan al pueblo llano generación tras generación.
Todos tenemos tendencia a pensar que nuestra situación actual es peor que la que teníamos tiempo atrás. Si quieres refrendar lo que te digo sólo tienes que bajar al bar, elige uno de esos de baja estofa, de pellejo de vino y cartel del “prohibido fumar” oscurecido por el amarillo de la nicotina. No esquives la mirada entre los parroquianos, sé generoso con el vino y no dudes en dar lumbre si te la requieren. Deriva la conversación hacia los tiempos mozos, verás como fuman tabaco y en cada bocanada se les escapan recuerdos llenos de ebrias tristezas recordando antiguas dichas.

El recordar tiempos pasados con nostalgia es un sentimiento tan humano como antiguo. Y como muestra un botón, un botón precioso y con más solera que nuestro propio idioma:

Recuerde el alma dormida,
avive el seso e despierte
contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el plazer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiere tiempo passado
fue mejor.
                          Jorge Manrique.

La ilusión de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor tiene su base científica bien grabada en nuestro ADN. El ser humano tiende a olvidar los malos momentos y recordar los buenos. Problemas que en su día pesaban como losas, ahora pasados los años y puestos de nuevo en la balanza ya no pesan tanto.

A los poderosos que intentan inocularnos el virus de la añoranza de un pasado mediocre les responderé una y mil veces parafraseando Quevedo: Cuando decimos que todo tiempo pasado fue mejor, condenamos el futuro sin conocerlo.




1 comentarios:

Juan Carlos Galan 21 de diciembre de 2014, 4:12  

El inmortal Jorge Manrique da en el clavo, aunque, claro, hacer esa diana es bastante fácil. Estoy más con Quevedo que corrige a Manrique y que, pese a ser un contumaz pesimista, en esta ocasión es un dechado de optimismo.

Salud y por qué no, estos tiempos que corren pueden ser -sin duda lo son- buenos para la lírica (creación artística).

Publicar un comentario

Sobre este blog

Blog personal del escritor Fernández del Páramo. Un espacio digital creado para dar a conocer su obra y compartir impresiones con sus lectores.